El problema del agua en la tierra hidrocálida

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A lo largo de su historia, Aguascalientes y el agua han guardado una estrecha relación. La entidad ha sido un territorio reconocido por su vasta cantidad de vital líquido, proveniente de distintos mantos acuíferos; no por nada, la gran abundancia de aguas termales originó su nombre.

Sin embargo, desde tiempo atrás diversos estudios han advertido que, de continuar con el ritmo de sobrexplotación al que se están viendo sometidos los acuíferos, en la próxima década la disponibilidad de agua se verá comprometida.

Para el profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el doctor Raúl Pacheco-Vega, la problemática se explica a través de varios factores, entre ellos los siguientes:

  1. Una expansión urbana mal planeada, aunada a un crecimiento exponencial de la población en los últimos 40 años. Desde 1980, la ciudad ha venido registrando un crecimiento de prácticamente doscientas mil personas por década, una tendencia “preocupante, pues los mantos acuíferos no se recargan al ritmo de como crece la población”.
  2. Una política industrial mal pensada. En este sentido, el catedrático explica que el desarrollo de la entidad ha estado cimentado por sectores que demandan una cantidad ingente de agua, como el vitivinícola o el textil en años pasados, y el automotor en la actualidad. “Aguascalientes, como León, presenta una gran paradoja: ha implementado industrias basadas en algo que escasea, el agua”.
  3. Patrones de consumo sumamente altos por parte de los habitantes, sumado a una escasa cultura de cuidado del líquido vital. “La gente sigue consumiendo agua como si fuese regalada, no le interesa ahorrar. No ven el costo ambiental ni hídrico”.

Pacheco-Vega recuerda que la privatización del servicio del agua en Aguascalientes, conducida por el entonces gobernador Otto Granados Roldán en 1993, proponía mejoras sustanciales; sin embargo, añade, durante estos años la concesionaria ha estado lejos de ofrecer un servicio eficiente, lo cual ha agudizado el problema. Aunado a esto, el investigador externa que, a lo largo del tiempo, la problemática del agua ha sido utilizada como moneda política, sin que se den respuestas que ayuden realmente a atender la situación.

Una de las posibles soluciones que plantea el académico es la generación de políticas públicas que atiendan el servicio de una manera integral a través de un manejo intermunicipal que incorpore a los distintos ayuntamientos de la zona metropolitana (Aguascalientes, Jesús María, San Francisco de los Romo).

“Al analizar una zona metropolitana, observamos los flujos de personas, de trabajo, de servicios. El problema es que en Aguascalientes nadie toma en cuenta los flujos. Manejar el problema del agua limitado a la capital es un error. Necesitamos crear una visión de gobernanza de metrópoli, donde los alcaldes de los distintos municipios desarrollen conversaciones sobre los mecanismos a implementar y se genere una visión de identidad metropolitana que permita crear proyectos de desarrollo”, explica.

Asimismo, sugiere seguir el hard path (camino duro) en la gobernanza del agua, caracterizado por la inversión en obras hidráulicas enfocadas al tratamiento del líquido vital. “Mientras no tengamos otras soluciones, habrá que invertir en fierros. A veces hay que tomar la trayectoria dura”, indica.

De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la agricultura utiliza 70 por ciento del agua de todo el mundo. En Aguascalientes, la administración estatal ha implementado el Programa de Fomento a la Agricultura 2018: uno de sus ejes apuesta por la reconversión productiva, la cual impulsa a que los productores elijan cultivos que demanden menos agua.

Si bien Pacheco-Vega reconoce que su línea de investigación se centra en temas de agua urbana, refiere que un compañero suyo que ha trabajado con los productores agrícolas ha encontrado que estos ven los procesos de reconversión como una oportunidad para tecnificarse, no como un mecanismo para ahorrar agua.

“Y creo que es lo que nos hace falta. Encontrar un mecanismo para explicarles a nuestros productores que los programas de reconversión productiva no son para renovar maquinaria como tal, sino para cambiar un paradigma completo de cómo producimos lo que producimos”.

“No puedo calcular cuánto margen de tiempo queda porque me estaría poniendo una soga al cuello, pero creo que claramente tenemos máximo unos 15 años para tener crisis muy fuertes”, remata el profesor-investigador del CIDE.

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